domingo, 6 de noviembre de 2011

TEATRO DEL ABSURDO -LA LECCIÓN de Ionesco



TEATRO DEL ABSURDO
A partir del siglo XX aparecen grandes contradicciones en la humanidad: grandes avances tecnológicos pero también terribles guerras. Estas contradicciones provocan escepticismo ¿puede el ser humano ser mejor? Albert Camus, filósofo existencialista, afirmaba que la humanidad tenía que resignarse a reconocer que una explicación completamente racional del universo estaba más allá de su alcance; en ese sentido, el mundo debe ser visto como absurdo. El teatro del absurdo reflejó ese desencanto.

Algunas características del teatro del absurdo son:

-El rechazo de las normas del teatro realista.
-La imposibilidad de los personajes de lograr comunicarse.
-El ambiente sofocante, el lenguaje sin sentido y las situaciones ilógicas: todo esto sirve para  enfatizar la extrañeza y el aislamiento humanos.

LA LECCIÓN    de Eugène Ionesco

Una alumna se prepara para un doctorado y recurre a las clases particulares de un profesor ya anciano. Durante esa clase, los vínculos entre una y otro se irán degenerando y violentando hasta llegar a un final extremo. La obra presenta una serie de rasgos que evidencian un clima social vinculado con la situación de angustia que se vivía en Europa después de la Segunda Guerra.

El fragmento que se transcribe a continuación se inicia después de que la alumna ha logrado responder satisfactoriamente una serie de preguntas muy sencillas.

el profesor. — Bueno.   Aritmeticemos un poco.
la alumna. — Con mucho gusto, señor.
el profesor. — ¿No le molesta decirme...?
la alumna. — De ningún modo, señor, continúe.
el profesor. — ¿Cuántos son uno y uno?
la alumna. — Uno y uno son dos.
el profesor (admirado por la sabiduría de la alumna). — ¡Oh, muy bien! Me parece muy adelantada en sus estudios. Obtendrá fácilmente su doctorado total, señorita.
la alumna. — Lo celebro, tanto más porque es usted quien lo dice.
el profesor. — Sigamos adelante: ¿cuántos son dos y uno?
la alumna. — Tres.
el profesor. — ¿Tres y uno?
la alumna. — Cuatro.
el profesor. — ¿Cuatro y uno?
la alumna. — Cinco.
e,l profesor. — ¿Cinco y uno?
la alumna. — Seis.
el profesor. — ¿Seis y uno?
la alumna. — Siete.
el profesor. — ¿Siete y uno?
la alumna. — Ocho.
el profesor. — ¿Siete y uno?
la alumna. — Ocho...   bis.
el profesor. — Muy buena respuesta.   ¿Siete y uno?
la alumna. — Ocho...  triplicado.
el profesor. — Perfecto.   Excelente.   ¿Siete y uno?
la alumna. — Ocho...   cuadruplicado.   Y a veces nueve.
el profesor. — ¡Magnífica! ¡Es usted magnífica! ¡Es usted exquisita! Le felicito calurosamente, señorita. No merece la pena de continuar. En lo que respecta a la suma es usted magistral. Veamos la resta. Dígame solamente, si no está agotada, cuántos son cuatro menos tres.
la alumna.— ¿Cuatro menos tres?...    ¿Cuatro menos tres?
el profesor. — Sí.   Quiero decir: quite tres de cuatro.
la alumna. — Eso da...   ¿siete?
el profesor. —'Perdóneme si me veo obligado a contradecirle. Cuatro menos tres no dan siete. Usted se confunde: cuatro más tres son siete, pero cuatro menos tres no son siete... Ahora no se trata de sumar, sino de restar.
la alumna (se esfuerza por comprender). — Sí...  sí...
el profesor. — Cuatro menos tres son: ¿Cuánto?... ¿Cuánto?
la alumna. — ¿Cuatro?
el profesor. — No, señorita, no es eso.
la alumna. — Entonces, tres.
el profesor. — Tampoco, señorita... Perdóneme, pero debo decírselo: no es ésa la respuesta... Discúlpeme.
la alumna. — Cuatro menos tres... Cuatro menos tres... ¿Cuatro menos tres? ¿No son diez?
el profesor. — No, ciertamente, no lo son, señorita. Pero además no se trata de adivinar, sino de razonar. Procuremos deducirlo juntos. ¿Quiere usted contar?
la alumna. — Sí, señor.   Uno...  dos...  tres...
el profesor. — ¿Sabe usted contar bien? ¿Hasta cuántos sabe usted contar?
la alumna. — Puedo contar...   hasta el infinito.
el profesor. — Eso es imposible, señorita.
la alumna. — Entonces, digamos hasta dieciséis.
el profesor. — ¡Eso basta. Hay que saber limitarse. Cuente, pues, por favor, se lo ruego.
la alumna. — Uno... dos... y después de dos, vienen tres... cuatro...
el profesor. — Deténgase, señorita. ¿Qué número es mayor: el tres o el cuatro?
la alumna. — ¿Es?... ¿El tres o el cuatro? ¿Cuál es mayor? ¿El mayor de tres o cuatro? ¿En qué sentido el mayor?
el profesor. — Hay números más pequeños y números más grandes. En los números más grandes hay más unidades que en los pequeños...
la  alumna. — ¿Que en los números pequeños?
el profesor. — A menos que los pequeños tengan unidades menores. Si son muy pequeñas, es posible que haya más unidades en los números pequeños que .en los grandes... si se trata de otras unidades.
la alumna. — En ese caso, ¿los números pequeños pueden ser mayores que los grandes?
el profesor. — Dejemos eso. Nos llevaría mucho más lejos. Sepa únicamente que no sólo hay números. Hay también dimensiones, sumas, grupos, montones, montones de cosas tales como las ciruelas, los coches, las ocas, los pepinos, etcétera. Supongamos simplemente para facilitar nuestro trabajo que no tenemos más que números iguales: los mayores serán los que tengan más unidades, iguales.
la alumna. — ¿El que tenga más será el más grande? ¡Ah, comprendo, señor! Usted identifica la calidad con la cantidad.
el profesor. — Eso es demasiado teórico, señorita, demasiado teórico. No tiene por qué preocuparse de ello. Tomemos nuestro ejemplo y razonemos sobre ese caso concreto. Dejemos para más tarde las conclusiones generales. Tenemos el número cuatro y el número tres, cada uno de ellos con un número igual de unidades. ¿Qué número será mayor, el número más pequeño o el número más grande?
la alumna. — Discúlpeme, señor. ¿Qué entiende usted por el número mayor? ¿El menos pequeño que el otro?
El, profesor. — Eso es, señorita. ¡Perfecto! Me ha comprendido muy bien.
la alumna. — Entonces, es el cuatro,
el profesor. — ¿Qué es el cuatro? ¿Mayor o menor que el tres?
la alumna. — Menor..., no, mayor.
el profesor. — Excelente respuesta. ¿Cuántas unidades hay entre tres y cuatro? ¿O entre cuatro y tres, si usted prefiere?
la alumna. — No hay unidades, señor, entre tres y cuatro. El cuatro viene inmediatamente después del tres, ¡pero no hay nada absolutamente entre el tres y el cuatro!
el profesor. — Me he explicado mal. La culpa es mía, sin duda. No he sido bastante claro.
la alumna. — No, señor, la culpa es mía.
el profesor. — Escuche. He aquí tres fósforos. Y aquí otro más, en total cuatro. Ahora observe bien; usted tiene cuatro, yo retiro uno, ¿cuántos le quedan? (No se ven los fósforos ni ninguno de los objetos de que habla.   El profesor se levantará de la mesa y escribirá en una pizarra inexistente con una tiza inexistente, etcétera)
la alumna. — Cinco. Si tres y uno hacen cuatro, cuatro y uno hacen cinco.
el profesor. — No es eso, no es eso en modo alguno. Usted tiende siempre a sumar. Pero también hay que restar. No sólo es necesario integrar, también hay que desintegrar. Eso es la vida. Eso es la filosofía. Eso es la ciencia. Eso son el progreso y la civilización.
la alumna. — Sí, señor.
el profesor. — Volvamos a nuestros fósforos. Tengo cuatro de ellos. Como usted ve, son cuatro. Quito uno, y ya sólo quedan...
la alumna. — No sé cuántos, señor.
el profesor. — Vamos, reflexione. Admito que no es fácil, pero usted es lo bastante culta para que pueda hacer el esfuerzo intelectual necesario y llegue a comprender. ¿Entonces?
la alumna. — No llego a comprenderlo, señor.   No lo sé, señor.
el profesor. — Tomemos ejemplos más sencillos. Si usted tuviese dos narices y yo le arrancase una, ¿cuántas le quedarían?
la alumna. — Ninguna.
el profesor. — ¿Cómo ninguna?
la alumna. — Sí, precisamente porque usted no me ha arrancado ninguna es por lo que tengo una ahora. Si usted me la hubiese arrancado, ya no la tendría.
el profesor. — No ha comprendido mi ejemplo. Suponga que no tiene más que una oreja.
la alumna. — Sí.   ¿Y después?
el profesor. — Yo le agrego otra. ¿Cuántas tendrá entonces?
la alumna. — Dos.
el profesor. — Está bien.  Y si le agrego otra más, ¿cuántas tendrá?
la alumna. — Tres orejas.
el profesor. — Le quito una.   ¿Cuántas orejas le quedan?
la alumna. — Dos.
el profesor. — Muy bien. Le quito otra más. ¿Cuántas le quedan?
LA   ALUMNA. — Dos.
el profesor. — No. Usted  tiene  dos, yo le quito una, le como una, ¿cuántas le quedan?
la alumna. — Dos.
el profesor. — Le como una... una...
la alumna. — Dos.
el profesor. — Una
la alumna. — Dos.
el profesor. — ¡Una!
la alumna. — ¡Dos!
el profesor. — ¡Una!
la alumna. — ¡Dos!
el profesor. — ¡Una!
la alumna. — ¡Dos!
el profesor. — ¡Una!
la alumna. — ¡Dos!
el profesor. — ¡Una!
la alumna. — ¡Dos!
el profesor. — No, no. No es eso. El ejemplo no es... no es convincente. Escúcheme.
la alumna. — Le escucho, señor.
el profesor. — Usted tiene...   usted tiene...   usted tiene...
la alumna. — ¡Diez dedos!
el profesor. — Como usted quiera. Perfecto. Usted tiene, pues, diez dedos.
la alumna. — Sí, señor.
el profesor. — ¿Cuántos tendría si tuviese cinco?
la alumna. — Diez, señor.
el profesor. — ¡No es así!
la alumna. — Sí, señor.
el profesor. — ¡Le digo que no!
la alumna. — Usted acaba de decirme que tengo diez.
el profesor. — ¡Le he dicho también, inmediatamente después, que tenía usted cinco!
la alumna. — ¡Pero no tengo cinco, tengo diez!
el profesor. — Procedamos de otra manera... Limitémonos a los números de uno a cinco para la sustracción... Preste atención, señorita y va a verlo. Voy a hacer que comprenda. (El profesor se pone a escribir en una pizarra negra imaginaria. La acerca a la alumna, que se vuelve para mirarla.) Vea, señorita. (Hace como que dibuja en la pizarra un palito y que escribe debajo la ci­fra 1; luego dos palitos, bajo los que escribe la cifra 2; luego tres palitos, bajo los que escribe la cifra 3; y por fin cuatro palitos, bajo los que escribe la cifra 4) ¿Ve usted, señorita?
la alumna. — Sí, señor.
el profesor. — Son palitos, señorita, palitos. Aquí hay un palito, aquí dos palitos, aquí tres palitos, y luego cuatro palitos, cinco palitos. Un palito, dos palitos, tres palitos, cuatro palitos, cinco palitos son números. Cuando se cuenta los palitos cada palito es una unidad, señorita... ¿Qué acabo de decir?
la alumna. — "Una unidad, señorita. ¿Qué acabo de decir?".
el profesor. — ¡O cifras! ¡O números! Uno, dos, tres, cuatro, cinco, son elementos de la numeración, señorita.
la alumna (vacilando). — Sí, señor. Elementos, cifras, que son palitos, unidades y números.
el profesor. — Al mismo tiempo... Es decir que, en definitiva, toda la aritmética está en eso.
la alumna. — Sí, señor.   Bien, señor.   Gracias, señor.
el profesor. — Entonces, cuente, por favor, valiéndose de esos elementos. ... Sume y reste
la alumna  (como para imprimirlo en su, memoria) — ¿Los palitos son cifras y los números unidades?
el profesor. — Hum... Pase. ¿Y entonces?
la alumna. — Se puede restar dos unidades de tres unidades, ¿pero se puede restar dos dos de tres tres? ¿Y dos cifras de cuatro números? ¿Y tres números de una unidad?
el profesor. — No, señorita.
la alumna. — ¿Por qué, señor?
el profesor. — Porque no, señorita.
la alumna. — ¿Y por qué no si los unos son los otros?
el profesor. — Es así, señorita. Eso no se explica. Eso se comprende mediante un razonamiento matemático interior. Se lo tiene o no se lo tiene.


ANÁLISIS DE LA OBRA

Mientras que los personajes de las obras clásicas son héroes, que realizan acciones extraordinarias (para conseguir el amor de una mujer, liberar a su pueblo de una peste, etc.) los personajes de La lección no tienen metas claras, ni deseos definidos, ni llevan adelante acciones heroicas, sino que parecen dejarse llevar por las pautas formales que impone la sociedad. Cuando el profesor y la alumna se harten de esa formalidad vacía, ocurrirá el desenlace trágico: el profesor mata a la alumna.
Los dos personajes parecen desconocer por qué y para qué hacen lo que están haciendo. No tienen claro su destino (como sí lo tienen los personajes de las obras clásicas), permanecen estáticos y no saben por qué, y esta actitud los hace parecer ridículos. Así se ve al ser humano "medio", como alguien desprotegido en un mundo en el que las decisiones que tienen que ver con su vida y con su muerte están fuera de su control.

El humor

Las posturas críticas y pesimistas con respecto a los seres humanos son presentadas por medio del humor, a menudo violento. Se propone, a través de la risa, una reflexión sobre las situaciones absurdas o sin sentido que viven los personajes. La insistencia del profesor hacia la alumna, por ejemplo, resulta graciosa, excepto para la propia chica que no escapa del tormento en el que está metida. El espectador ríe pero también se cuestiona por qué no abre la puerta y huye: la alumna no escapa porque no puede o porque no se le ocurre. No es consciente de su sufrimiento, ya que se comporta casi como una autómata; no tiene libertad.

La falta de fe del hombre contemporáneo

El hombre contemporáneo, según esta visión absurda, no puede tener metas ni ambiciones trascendentales (llegar a Dios, ganar el Paraíso o hacer la Revolución) ya que es un ser que no tiene creencias. Sin embargo, como la alumna, todavía espera, aunque no sabe muy bien qué.

La incomunicación –Hablar mucho pero no decir nada

El tema de la incomunicación entre el profesor y la alumna, es decir, la imposibilidad de encontrar acuerdos y puntos de encuentro con el otro, aparece como predominante.
La incomunicación aparece reflejada especialmente en la manera en que se utiliza la palabra. El teatro del absurdo se vale de la palabra para denunciar la falta de comunicación y de contacto entre las personas. En La lección, los protagonistas hablan casi sin parar, pero sus palabras sólo sirven para ocultar que no tienen nada para decirse y que no tienen capacidad para entenderse. La palabra pierde su contenido, su significado, para transformarse simplemente en un significante vacío que nada transmite.

La poca acción

E! argumento es mínimo; la trama de La lección puede reducirse a dos polos de acción: una alumna ineficiente y un profesor que no logra hacerse entender. Pero estas acciones mínimas están fuera de toda lógica y resultan siempre inesperadas. Es más, pueden adoptar la forma de una pesadilla de la que no es posible salir, como sucede cuando el profesor le pregunta a la alumna cuántas orejas le quedan si le saca una. Se busca, de esta manera, que el espectador se centre en las emociones más íntimas de los personajes y en los efectos que estas producen sobre los otros personajes.

lunes, 10 de octubre de 2011

Poesía: BENDICIÓN DE DRAGÓN




Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes te cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.
                                                                                                                           Gustavo Roldán
Gustavo Roldán es un escritor argentino, nacido en 1935. Profesor de Letras, escritor de numerosos cuentos y poemas.

domingo, 2 de octubre de 2011

CUENTO FANTÁSTICO, EXTRAÑO, MARAVILLOSO

El almohadón de plumas

                                                                                                                          Horacio Quiroga
Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso —frisos, columnas y estatuas de mármol— producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

—No sé —le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja—. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada.. . Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pesos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

—¡Jordán! ¡Jordán! —clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

—¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

—Pst... —se encogió de hombros desalentado su médico—. Es un caso serio... poco hay que hacer...

—¡Sólo eso me faltaba! —resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

—¡Señor! —llamó a Jordán en voz baja—. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados dél hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

—Parecen picaduras —murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

—Levántelo a la luz —le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

—¿Qué hay?—murmuró con la voz ronca.

—Pesa mucho —articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós: —sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca —su trompa, mejor dicho— a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin dada su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.


Juan sin miedo


                                                                                                               Wilhelm y Jacob Grimm

Érase una vez un matrimonio de leñadores que tenía dos hijos. Pedro, el mayor, era un chico muy miedoso. Cualquier ruido le sobresaltaba y las noches eran para él terroríficas. Juan, el pequeño, era todo lo contrario. No tenía miedo de nada. Por esa razón, la gente lo llamaba Juan sin miedo. Un día, Juan decidió salir de su casa en busca de aventuras. De nada sirvió que sus padres intentaron convencerlo de que no lo hiciera. Él quería conocer el miedo, saber qué se sentía.

Estuvo andando sin parar varios días sin que nada especial le sucediese. Llegó a un bosque y decidió cruzarlo. Bastante aburrido, se sentó a descansar un rato. De repente, una bruja de terrible aspecto, rodeada de humo maloliente y haciendo grandes aspavientos, apareció junto a él.

—¿Qué hay, abuela? —saludó Juan con toda tranquilidad.

—¡Desvergonzado! ¡Soy una bruja!

Pero Juan no se impresionó. La bruja intentó todo lo que sabía para asustar a aquel muchacho. Nada dio resultado. Así que se dio media vuelta y se fue de allí cabizbaja, pensando que era su primer fracaso como bruja.

Tras su descanso, Juan echó a andar de nuevo. En un claro del bosque encontró una casa. Llamó a la puerta y le abrió un espantoso ogro que, al ver al muchacho, comenzó a lanzar unas terribles carcajadas.

Juan no soportó que se riera de él. Se quitó el cinturón y empezó a darle unos terribles golpes hasta que el ogro le rogó que parase.

El muchacho pasó la noche en la casa del ogro. Por la mañana siguió su camino y llegó a una ciudad. En la plaza un pregonero leía un mensaje del rey:

—Y a quien se atreva a pasar tres noches seguidas en este castillo, el rey le concederá a la mano de la princesa.

Juan sin miedo se dirigió al palacio real, donde fue recibido por el soberano.

—Majestad, estoy dispuesto a ir a ese castillo —dijo el muchacho.

—Sin duda has de ser muy valiente —contestó el monarca. Pero creo que lo deberías pensar lo mejor.

—Está decidido —respondió Juan con gran seguridad.

Juan llegó al castillo. Llevaba años deshabitado. Había polvo y telarañas por todas partes. Como tenía frío, encendió una hoguera. Con el calor se quedó dormido.

Al rato, unos ruidos de cadenas lo despertaron. Al abrir los ojos, el muchacho vio ante él un fantasma. Juan, muy enfadado porque lo habían despertado, cogió un palo ardiendo y se lo tiró al fantasma. Éste, con su sábana en llamas, huyó de allí y el muchacho siguió durmiendo tan tranquilo.

Por la mañana, siguió recorriendo el castillo. Encontró una habitación con una cama y decidió pasar allí su segunda noche. Al poco rato de haberse acostado, oyó lo que parecían maullidos de gatos. Y ante él aparecieron tres grandes tigres que lo miraban con ojos amenazadores.

Juan cogió la barra de hierro y empezó a repartir golpes. Con cada golpe, los tigres se iban haciendo más pequeños. Tanto redujeron su tamaño que, al final, quedaron convertidos en unos juguetones gatitos a los que Juan estuvo acariciando.

Llegó la tercera noche y Juan se echó a dormir. Al cabo de unos minutos escuchó unos impresionantes rugidos. Un enorme león estaba a punto de atacarlo. El muchacho cogió la barra de hierro y empezó a golpear al pobre animal, quien empezó a decir con voz suplicante:

—¡Basta!, ¡basta!, ¡no me golpees más! ¡Eres un bruto!, ¿no te das cuenta de que me vas a matar?

A la mañana siguiente, Juan sin miedo apareció el palacio real. El rey, que no daba crédito a sus ojos, le concedió la mano de su hija y, a los pocos días, se celebró la boda.

Juan estaba encantado con su esposa y se sentía muy feliz. La princesa también lo estaba, pero decidió que haría conocer el miedo a su marido. Una noche, mientras Juan dormía, ella cogió una jarra de agua fría y se la derramó encima. El pobre Juan creyó morir del susto. Temblaba de terror. Sus pelos estaban rizados y ¡conoció el miedo, por fin!

Juan, una vez recuperado, agradeció a su esposa el haberle hecho sentir miedo, algo que todo el mundo conoce.

La protección por el libro

                                                                                                                    Anónimo chino

El literato Wu, de Ch'iang Ling, había insultado al mago Chang Ch'i Shen. Seguro de que éste procuraría vengarse, Wu pasó la noche levantado, leyendo, a la luz de la lámpara, el sagrado Libro de las transformaciones. De pronto se oyó un golpe de viento que rodeaba la casa, y apareció en la puerta un guerrero que lo amenazó con su lanza. Wu lo derribó con el libro. Al inclinarse para mirarlo, vio que no era más que una figura, recortada en papel. La guardó entre las hojas. Poco después entraron dos pequeños espíritus malignos, de cara negra y blandiendo hachas. También éstos, cuando Wu los derribó con el libro, resultaron ser figuras de papel. Wu las guardó como a la primera. A media noche, una mujer, llorando y gimiendo, llamó a la puerta.


-Soy la mujer de Chang -declaró-. Mi marido y mis hijos vinieron a atacarlo y usted los ha encerrado en su libro. Le suplico que los ponga en libertad.

-Ni sus hijos ni su marido están en mi libro -contestó Wu-. Sólo tengo estas figuras de papel.

-Sus almas están en esas figuras -dijo la mujer-. Si a la madrugada no han vuelto, sus cuerpos, que yacen en casa, no podrán revivir.

-¡Malditos magos! -gritó Wu-. ¿Qué merced pueden esperar? No pienso ponerlos en libertad. De lástima, le devolveré uno de sus hijos, pero no pida más.

Le dio una de las figuras de cara negra.

Al otro día supo que el mago y su hijo mayor habían muerto esa noche.

Género fantástico

El género literario de lo fantástico corresponde a un tipo de narración particular, que suele confundirse con otros géneros vecinos, como la ciencia-ficción o el terror. De hecho, la palabra "fantástico" se ha utilizado en contextos tan variados, que ha perdido gran parte de su significado intrínseco.

A pesar de esta aparente confusión, siguen en pie las distinciones generativas elaboradas por Tzvetan Todorov, en su estudio Introduction á la littérature fantastique. Todorov diferencia tres categorías dentro de la ficción no-realista: lo maravilloso, lo extraño y lo fantástico. Cada uno de estos géneros se basa en la forma de explicar los elementos sobrenaturales que caracterizan su manera de narración.

Si el fenómeno sobrenatural se explica racionalmente al final del relato, como en Los crímenes de la Rue Morgue, de Edgar Allan Poe, estamos en el género de "lo extraño". Lo que a primera vista parecía escapar a las leyes físicas del mundo tal y como lo conocemos no es más que un engaño de los sentidos que se resolverá según estas mismas leyes. Este es el caso de muchas de las narraciones policiales.

Por otro lado, si el fenómeno que rompe con las leyes de nuestro mundo permanece sin explicación racional cuando se acaba el relato, entonces nos encontramos ante "lo maravilloso". Tal sería el caso de los cuentos de hadas, fábulas, leyendas, donde los detalles irracionales forman parte tanto del universo como de su estructura. Para Todorov, el género fantástico puro se encuentra entre lo insólito y lo maravilloso, y sólo se mantiene el efecto fantástico mientras el lector duda entre una explicación racional y una explicación irracional. Lo fantástico, entonces, ocupa "el tiempo de la incertidumbre".

domingo, 25 de septiembre de 2011

CITAS BIBLIOGRÁFICAS



Cuando preparamos una monografía, hacemos una investigación previa y para ello solemos utilizar material bibliográfico de distintos tipos (textos, artículos periodísticos, videos, Internet, etc.) Generalmente, usamos parte de ese material para la elaboración de nuestro trabajo. Por una cuestión de honestidad intelectual, corresponde que hagamos constar cuáles son las transcripciones textuales (citas textuales) que utilizamos, y las fuentes (bibliografía) de donde hemos extraído esas partes que no son de nuestra autoría.

Cita textual: es la transcripción literal de un fragmento de una obra de otro autor. La usamos especialmente como fundamento para nuestra exposición. Generalmente se trata de conceptos, definiciones o afirmaciones que sintetizan una idea central del autor citado, o de un párrafo de particular concisión o belleza. También se suele usar lo que se llama cita "de autoridad", especialmente cuando queremos reforzar nuestras opiniones. En esas circunstancias la cita nos sirve para informar al lector que no sólo somos nosotros los que así pensamos, sino que hay alguna autoridad en la materia, algún escritor clásico o célebre con el que compartimos puntos de vista.
Para indicar claramente a nuestros lectores que estamos utilizando material extraído de la bibliografía es preciso, rigurosamente, encerrar entre comillas las palabras que citamos. Debe prestarse especial cuidado a este detalle formal ya que de otro modo estaremos cometiendo un plagio, utilizando como si fueran nuestras expresiones que hemos tomado de los demás.
Cuando la cita que vamos a utilizar ocupa menos de tres renglones la pondremos a continuación de nuestro texto, encerrada entre comillas. Si la cita corresponde a una oración completa, comenzará con comillas, luego la inicial en mayúsculas, a continuación el punto y nuevamente la comilla para cerrar la cita.
Ejemplo:
Presiente su propia muerte y se prepara para ella: “Cerró los ojos, dio un suspiro satisfecho y se marchó al otro mundo sin mirar para atrás.”

Cuando tomamos un extracto de una oración, deberemos agregar puntos suspensivos antes y después de las palabras citadas.
Ejemplo: “...la magna obra del poeta es haber enlazado tantos materiales y géneros mediante la representación del yo...”.

Si la cita ocupa más de tres renglones, la pondremos en una línea separada, y con una sangría izquierda a lo largo de todo el párrafo citado. Si se escribe en computadora, emplearemos un cuerpo de letra menor y también un espaciado menor entre líneas.
Ejemplo:
Dice María Rosa Lida al respecto:
“La enseñanza moral está repartida por toda la obra y, además, concentrada en la sátira  contra el clero libertino, larga y maligna, contra las mujeres, breve y risueña, en la diatriba contra los pecados capitales capitales y contra el dinero, en el sermón de las armas alegóricas del cristiano, en la imprecación contra la Muerte...”

Para que el lector sepa de quién son las palabras que estamos transcribiendo se coloca una llamada en el texto, después de cada cita, que nos remite a una nota a pie de página donde se expresa claramente la fuente misma.
Notas a pie de página: Son las citas bibliográficas que aparecen al pie de cada página en un trabajo, o inmediatamente después del final del mismo. Cuando el texto se confecciona en computadora existen recursos, en el procesador de textos Word, para agregarlas y organizarlas en forma automática. La ruta a seguir es la siguiente: Insertar – referencia – nota al pie – aceptar. (Existen otras opciones de configuración, pero optamos aquí por la más sencilla).

Bibliografía General: se confecciona en hoja separada, al final del texto elaborado. Se ordena en forma alfabética y se separa con doble espacio del siguiente texto citado.

Cómo citar un libro:
AUTOR (apellido y nombre o inicial del nombre)
TÍTULO DE LA OBRA (en letra cursiva o itálica, separado del nombre del autor por un punto.
CIUDAD DE EDICIÓN (separado del título con un punto).
NOMBRE DE LA EDITORIAL (separado de la ciudad por dos puntos o coma).
AÑO DE EDICIÓN (separado del nombre de la editorial por una coma).

     Ejemplo: Malraux, Andre. Huéspedes de paso. Buenos Aires, Sur, 1977.
Cómo citar material extraído de Internet
AUTOR. Título. [En línea]. Edición o versión. Lugar de publicación, editorial o distribuidor, año de publicación [Fecha de consulta:]
Ejemplo:
REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española [En línea]. 22ª Ed. Madrid, Real Academia de la Lengua Española, 2003. < http://buscon.rae.es/diccionario/drae.htm > [Consulta: 26 febrero 2006]


MONOGRAFÍA




Temas: La mujer en la literatura española.
La honra en la literatura española.

La monografía debe cumplir los siguientes requisitos:

Se presenta en hoja A4. Letra: times new roman. Tamaño: 12. Interlínea: 1 ½ . Márgenes justificados.

Constará de: Carátula, Introducción, Desarrollo, Conclusión, Anexos (si el alumno los considera convenientes), Bibliografía.

La carátula: debe contener:
                El nombre de la monografía, centrado y en letra destacada.
                Debajo, a la derecha los siguientes datos:
                               Asignatura: Lengua y Literatura
                               Alumno: (nombre y apellido)
                               Curso: 4º año
                               Profesora: Graciela Grillo
                               Año: 2011.

La introducción: se elabora en hoja separada, con una extensión de entre media y una carilla. Allí se plantea lo que se va a desarrollar en el trabajo. Ejemplo: En el siguiente trabajo analizaremos ….
El desarrollo: tendrá una extensión mínima de tres carillas y un máximo de cuatro. Es el cuerpo principal de la monografía y debe contener reflexiones personales avaladas por la bibliografía utilizada en la investigación.
La conclusión: como la introducción, se hace en hoja separada y con una extensión de media a una carilla.
Los anexos: ilustraciones, gráficos,  documentación pertinente que complete la información.
La bibliografía: última hoja de la monografía, respetará la normativa fijada a tal efecto.

Para la elaboración del trabajo deberán utilizar varios textos de consulta:
-Los textos que utilicen para comparar. Ejemplo: Don Quijote de la Mancha y El sí de las niñas
-Un libro de Historia, para reflejar la realidad histórica de la época. Generalmente, las acciones de los autores y/o personajes se justifican observando la época histórica en que transcurren las historias.
-Material de Internet (aprobado por la profesora)
-Cualquier otro texto crítico que contribuya a la elaboración de la monografía.

Otras indicaciones:
-Al comienzo de cada párrafo deben utilizar sangría.
-Cada hoja se usa de un solo lado, no se imprimen ambas caras de la hoja.
-El trabajo final se presenta en carpeta o folio.
-Fecha tope de entrega: lunes 7 de noviembre de 2011
-En otra entrada hay una breve reseña sobre la forma correcta de citar en una monografía. Las indicaciones son generales, por lo tanto pueden consultarme cualquier duda que les surja cuando las pongan en práctica.
-Les recomiendo ir haciendo borradores, bosquejos generales de sus trabajos, y traerlos a clase. Destinaremos unos minutos de cada clase, para consultas.
-La nota de calificación solo se completará con la defensa oral de la monografía.

viernes, 19 de agosto de 2011

"Deserción" de Clifford D. Simak- GUÍA DE LECTURA

1.   
  1. Narrador ¿Desde qué punto de vista se narra?
  2. Caracterizar a los personajes.
  3. Identificar los espacios donde transcurren las acciones.
  4. ¿Hay referencias temporales? ¿Qué podemos deducir del texto?
  5. Elementos del género de ciencia-ficción.
  6. ¿Cuántos hombres habían ido a Júpiter antes que Allen?
  7. ¿Qué le dice Fowler respecto de la misión?
  8. ¿Por qué necesitan tanto tener éxito en la misión?
  9. ¿Por qué el hombre bajo su forma natural sería destrozado en Júpiter?
  10. ¿Cuál es la causa del enfrentamiento entre Fowler y Stanley?
  11. ¿Cómo se describe a Stanley?
  12. ¿Cómo llaman a los habitantes de Júpiter?
  13. ¿Por qué un habitante de Júpiter no sobreviviría en la Tierra? ¿En qué se convertiría?
  14. Cuando un hombre se metía en un conversor se convertía en un ………….. (Pág. 78).
  15. ¿Qué decide Fowler después de la desaparición de Allen?
  16. Lo que en Júpiter es un viento suave en la Tierra sería un ………… (Pág.82).
  17. ¿Cómo se comunica en Júpiter Fowler con el perro?
  18. ¿Qué le dice el perro sobre su vida anterior?
  19. ¿Hacia dónde corren la carrera y cómo se describe ese lugar?
  20. ¿Qué les sucede a sus cerebros y cómo se manifiesta ese cambio?
  21. ¿Qué comparación establece Fowler entre su nuevo estado y los hombres que quedaron en el domo?
  22. ¿Qué decisión toman y por qué?
  23. En tu opinión, este cuento ¿tiene un final feliz?

martes, 5 de julio de 2011

El túnel




Esta es la guía de lectura de la novela policial psicológica El túnel, cuyo autor es Ernesto Sábato. En otra entrada, la del 6 de mayo de 2011, encontrarán un artículo sobre este escritor quien hace pocos días hubiera cumplido 100 años. De esa entrada pueden obtener la respuesta a la última pregunta de la guía. Para ayudarlos a responder el resto, al lado de cada pregunta está el capítulo donde aparece la respuesta.


1) Buscar marca de narrador en primera persona (I)
2) ¿Por qué el policial está resuelto desde el primer párrafo? (I)
3) ¿Con qué frase Castel habla de su personalidad negativa? (I)
4) Descripción del cuadro “La Maternidad” (III)
5) ¿Dónde y cómo conoce Castel a María? ¿Qué sucede en ese momento? (III)
6) ¿Cómo se desarrolla el segundo encuentro? Lugar, diálogo, final. Capítulos IV a VI
7) En el relato del segundo encuentro se produce una digresión. ¿En qué consiste? ¿De qué habla en ese paréntesis en el relato?
8) Relatá el tercer encuentro entre Castel y María. (IX)
9) En el capítulo IX hay una alusión al título de la novela. Buscalo y transcribilo.
10) Descripción física de María.(IX)
11) ¿Qué opinión tiene Castel de la humanidad? ¿Qué opinás sobre esa visión? (XI)
12) ¿Qué misterios encierra la vida de María según la visión de Castel? ¿Por qué?
13) ¿Para qué va Castel a la casa de María? (XII)
14) Descripción esposo de María. (XII)
15) ¿Cómo califica Castel a Hunter, el primo de Allende?
16) ¿Qué conclusiones saca Castel sobre la carta? ¿Qué sentimiento aparece? (XV)
17) La concreción del amor entre Castel y María provoca en el pintor sentimientos contrapuestos. ¿Cuáles son? ¿Cómo explica el narrador esos sentimientos? (XVII)
18) En el cap. XX se produce una ruptura de la pareja. ¿Qué palabras la provocaron?
19) ¿Qué hace Castel para reconciliarse? ¿A dónde va? (XXIII)
20) ¿Qué nuevos personajes aparecen en los capítulos XXIV y XXV? Describilos.
21) En el capítulo XXVI hay una alegoría que de alguna forma explica la relación tortuosa que tienen los amantes. ¿Cuál es esa alegoría?
22) ¿Por qué Castel concluye que Hunter y María son amantes?
23) ¿Por qué Castel se arrepiente de haber enviado la carta a María? (XXX)
24) ¿Qué destruye Castel en el capítulo XXXIV?
25) ¿A dónde se dirige luego? ¿Para qué? (XXXV)
26) ¿Cómo mata Castel a María? (XXXVIII)
27) ¿Qué acciones siguen al crimen? (XXXVIII)
28) ¿Qué pasó con Allende y con Castel luego de la muerte de María? (XXXIX)
29) Describí a los personajes de Castel y María con cuatro adjetivos.

viernes, 10 de junio de 2011

El arte en el Renacimiento -Trabajo práctico



El nacimiento de Venus








Gioconda














La Piedad













Trabajo Práctico

EL ARTE EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento fue un período de renovación artística e intelectual. En esta época hay una revalorización de la naturaleza y del ser humano como parte de ella.

LOS TEMAS QUE ABORDA EL ARTE EN EL RENACIMIENTO

-La naturaleza
-El hombre como centro (antropocentrismo)
-La mitología
-La belleza
-La armonía

En el arte pictórico y escultórico aparecen estos temas, y también:

-se estudian el color, el volumen y las formas
-aparece la perspectiva
-es narrativa: expone historias
-es realista: reproduce con fidelidad los modelos reales y los perfecciona
-se interesa por el cuerpo, sobre todo los desnudos


Investigación:

Buscar las características enunciadas anteriormente en la obra de los siguientes artistas:

Masaccio
Miguel Ángel Buonarroti (pintura)
Miguel Ángel Buonarroti (escultura)
Leonardo Da Vinci
Sandro Botticelli
Rafael Sanzio


Realización:

Con el material obtenido, preparar un power point que contenga:

- algunas obras del artista
-el análisis de dos de ellas donde se identifiquen claramente características renacentistas
-una diapositiva que contenga una pequeña biografía del autor
-una diapositiva con un breve cuestionario sobre el autor y las principales características renacentistas presentes en su obra, para ser contestado por todos los alumnos y que formará parte de una futura evaluación
-una diapositiva donde figure la bibliografía utilizada


Entrega:
El producto final deberá ser enviado para su aprobación previa antes de ser expuesto en clase en forma grupal.

En la exposición oral del trabajo pueden presentar material bibliográfico (libros y/o revistas que contengan reproducciones, fascículos, etc.)

Fecha tope de envío: viernes 25 de junio de 2011.

lunes, 23 de mayo de 2011

ROMANCES

En este romance anónimo del siglo XVI se enfrentan un enamorado y la muerte:


ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE
(Anónimo)

Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—“¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.”
—“No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.”
—“¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!”
—“Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.”
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—“Ábreme la puerta, Blanca,
ábreme la puerta, niña.”
—“¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.”
—“Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.”
—“Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.”
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
—“Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.”

Fuente: Ramón Menéndez Pidal en Flor nueva de romances viejos.

En el siglo XX, el poeta Federico García Lorca presenta esta visión de la muerte de un gitano:


MUERTE DE ANTOÑITO EL CAMBORIO
            a José Antonio Rubio Sacristán

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.

Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

Federico García Lorca

Ahora que los leíste, resolvé las siguientes consignas:

1) Recreá con tus palabras la representación que de la muerte hace el juglar en el Romance del enamorado y la muerte.

2) Explicá la versificación de los dos romances.

3) Extraé los recursos estilísticos semejantes que aparecen en ambos romances. Mencionalos y ejemplificalos con los textos.

4) Buscá y transcribí, del romance de García Lorca, los siguientes recursos poéticos:
Imágenes visuales, imágenes táctiles, comparaciones y metáforas

5) ¿Cuál es el tema en común entre ambos romances?¿Cómo está tratado en el romance viejo y en el moderno?

domingo, 8 de mayo de 2011

El informe

    
Resultado de imagen para investigacion

Es un texto donde se expone el resultado de una investigación. Se redacta teniendo en cuenta quién es el destinatario. Será más complejo cuanto más especializado sea el receptor.
Estructura:
1. Introducción: presenta el tema sobre el que se investigó. Utiliza fórmulas del tipo “El presente informe tiene por objeto…”; “En este informe se expondrán los resultados de la investigación sobre…”; “El objetivo de este informe es explicar…”
2. Desarrollo o cuerpo del informe: contiene la selección de datos obtenidos de la investigación. Conviene dividirlo en párrafos: en cada uno se desarrolla un tema.
3. Cierre: puede tener distintos estilos. El autor del informe puede usar este espacio para reflexionar sobre el tema investigado o, sencillamente, puede ser un párrafo de cierre del tipo: “En este informe hemos conocido los aspectos más importantes de...”, “El informe intentó plasmar los resultados de nuestra investigación sobre…”, etc

Paratexto:
ü  Una página inicial (carátula) que contenga: título del informe, nombre y apellido del autor o autores, otros datos como la fecha, el nombre de la escuela, del profesor, curso, etc.
ü  Página de bibliografía.
ü  Índice: detallando en qué página se desarrolla cada aspecto (si el informe es breve, no es necesario).
ü  Otros: fotografías, gráficos, cuadros, infografías, mapas conceptuales, etc. Estos agregados enriquecen nuestro trabajo.

Algunos consejos prácticos para la elaboración de un informe:
Receptor: en primer lugar, tenés que pensar en el receptor del informe, en la persona/s a quien/es va dirigido. De acuerdo a ese receptor, será la terminología que utilizarás. Por ejemplo, si el receptor es un profesor, suponemos que sabe sobre el tema y podemos utilizar la terminología específica del campo investigado. En cambio, si el receptor es un grupo de alumnos de la escuela a quienes queremos contarles y acercarlos al producto de nuestra investigación, utilizaremos un lenguaje sencillo y explicaremos cada término que supongamos que no conoce.
Selección: tenés mucho material que recopilaste para tu investigación. Llegó la hora de seleccionar lo que vas a incluir en el informe y clasificarlo.
A escribir:
>Primero escribís el cuerpo del informe.
Ø  Dividí la información por subtemas. Por ejemplo: el rock: orígenes, artistas principales, el rock en la actualidad, el rock argentino vs. el rock internacional, etc.
Ø  Escribí un párrafo de cada subtema (podés ponerle título o no).
Ø  Una vez que hayas escrito sobre cada aspecto, categorizá los párrafos, o sea, asignales un orden. Por ejemplo: en el informe del rock, primero hablaríamos de los orígenes.

>Escribí la introducción y el cierre.
>Revisá la ortografía, la coherencia y la cohesión, la terminología (si es adecuada al receptor) y los aspectos formales (tipografía, márgenes, tipo y tamaño de letra, etc.). Puede ser muy útil que la revisión del informe la haga algún profesor o tus compañeros.
>Agregale los elementos paratextuales y…¡listo! Imprimilo, ponele una linda carpetita o un folio y entregáselo al profe para que te lo corrija y vea cuánto sabés sobre algunos temas.


viernes, 6 de mayo de 2011

Ernesto Sábato





ERNESTO SÁBATO (1911-2011)

Entre las lecturas programadas para este año, está El túnel. Su autor, Ernesto Sábato, murió en estos días, más precisamente el 30 de abril. Había nacido en la localidad de Rojas, provincia de Buenos Aires, el 24 de junio de 1911. Estaba a punto de cumplir 100 años. Todos los años les pido que busquen algo de la biografía de los autores de los textos que trabajamos: en qué época vivió, dónde nació, cuál es el contexto en el que desarrolló su tarea literaria. También les digo que no abunden en datos sobre la bibliografía del autor porque, si no la leen, de nada sirve aprenderse los nombres de memoria.

Pero con Sábato sucede algo especial. En principio, es vecino: vivía en Santos Lugares, una localidad del primer cordón de la provincia de Buenos Aires. Por otro lado es contemporáneo, o sea, vivió nuestra misma época (y unos cuantos años antes también). Finalmente, su obra literaria es acotada. Escribió solo tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón, el exterminador. Además escribió varios ensayos.

Como verán, les estoy ahorrando la tarea de buscar algunos datos. Lo que quiero compartir con ustedes son fragmentos de notas de prensa que se escribieron en estos días, en ocasión de su fallecimiento. Porque Sábato fue mucho más que un escritor. Al final de su vida se dedicó a la pintura. Cuando era joven estudió en la Universidad y se doctoró en Física. Y en su edad madura, fue el presidente de la CONADEP, organismo que investigó y documentó lo sucedido durante la dictadura militar, convirtiendo esa investigación en un texto llamado Nunca más.

En los siguientes fragmentos periodísticos encontrarán una semblanza de este hombre, quien junto a Borges, Cortázar y algunos otros, es uno de los mejores escritores argentinos.

EL NUNCA MÁS, LA BIBLIA DE LOS DERECHOS HUMANOS por Norma Morandini

Las nuevas generaciones actualizan las preguntas que increpan a la Historia y se agregan al repertorio que ya existe como legado. De modo que el libro "NUNCA MAS" debe ser visto como lo que es: un documento histórico, casi la Biblia de lo que nos pasó. De la misma manera que la Biblia no se rescribe sino que se reinterpreta al calor y el color de las contingencias, es que debiéramos ser respetuosos con aquellos que vencieron su propio miedo y, cuando pocos en el país se animaban siquiera a querer saber, abrieron esa caja de Pandora para que se desparramaran entre nosotros todos los males del mundo. "Descendí a los infiernos", decía Ernesto Sabato en todos los idiomas. Fue el "NUNCA MAS" el que sirvió como base para acusar en un juicio sumario a las Juntas Militares.


Fuente: Revista Ñ


"Con Ernesto Sábato se va una figura emblemática de la Argentina del siglo XX. Fue quizás el último gran intelectual y escritor de ficción conocido (no necesariamente leído, pero sí visible e identificable) por todas las capas sociales dentro del país, y a la vez difundido y galardonado en el más alto nivel internacional (se le concedió el Premio Cervantes, nada menos). Fue, por otro lado, un sensible espejo del país, de sus tensiones y contradicciones, un inclasificable en lo político, con posturas muy propias que solían incomodar. También se convirtió en el ícono de una nueva conciencia ciudadana cuando, convocado por Raúl Alfonsín, se puso al frente de la CONADEP". María Rosa Lojo


Fuente: diario Clarín.


VECINO (por Hugo Calegaris)

Cuando me muera, quiero que me velen acá, para que la gente pueda acompañarme en el viaje final. Y quiero que me recuerden como un vecino, a veces cascarrabias, pero, en el fondo, un buen tipo." Esto le pidió Ernesto Sábato a su hijo, Mario, y así se hizo: un velorio de barrio, en el club que está enfrente de su casa, el Defensores de Santos Lugares, en el primer cordón del Gran Buenos Aires.


Cuando aún estaba en la plenitud, salía muchas veces furioso a la puerta a protestar contra los que ponían la música muy fuerte o a secuestrarles pelotas de fútbol a los chicos de mala puntería. A las explosiones podían seguir buenos gestos: abrir la casa para los chocolates del cumpleaños, regalar cuadros, poner el hombro cuando había que reclamar algo. Para su gente, Sábato era las dos cosas: un cascarrabias y un viejo sabio con el que hasta se podía hablar de fútbol. Era tal como lo veían, no pretendía caer simpático. Se mostraba como era.


Fuente: diario La Nación


Algunas frases de Sábato


“La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse.”


“Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización.”


“Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.”

domingo, 24 de abril de 2011

Orígenes de las lenguas

El lenguaje tiene entre 50.000 y 100.000 años

Las últimas investigaciones apuntan a que el habla humana, no la transmisión de ideas por medio de gruñidos, sonidos o mímica, sino el lenguaje tal como hoy lo entendemos, tiene entre 50.000 y 100.000 años de antigüedad. La lingüística solo le daba unos 9.000 años de historia, y al gran tronco indoeuropeo, al que pertenecen el español, el catalán y el gallego, apenas 6.000.


Todo esto significa que no fue el homo sapiens sapiens -el ser humano actual que apareció hace unos 10.000 años- el primero en poseer el lenguaje, sino que ya el homo habilis, sucesor hace 100.000 años del homo erectus, se hacía comprender por algo más que gestos. Lo que sí hubo de esperar a los últimos milenios de nuestra era fue la escritura, que es la que ha permitido guardar testimonios escritos de ese pasado lejano.

Y ha sido un biólogo, el neozelandés Quentin D. Atkinson, de la Universidad de Auckland, quien ha llegado a esa conclusión, no a partir de palabras enteras, sino por el estudio de fonemas —sonidos con vocales y consonantes— en lenguas todavía existentes.

El lenguaje se originó, según el investigador, en el suroeste de África, en la zona en la que se data también la transformación de antropoides en homínidos y, eventualmente, en seres humanos. Y con el nacimiento de la agricultura —eso sí que no hace más de 10.000 años— el habla viajó por todos los continentes hasta convertirse en las 7.000 lenguas que se conservan en el planeta.

Ese fue el comienzo de una larga historia que engendró literaturas universales, aseguró su mantenimiento y multiplicación por medio de la imprenta a partir del siglo XV y ha conocido su último avatar con Internet.

La aparición del lenguaje —lo que no pudo ser cosa de un lunes para un martes— dio al ser humano el dominio de la naturaleza, del reino animal e, inevitablemente, el establecimiento de jerarquías de dominio entre los de su misma especie.

Al comenzar a hablar, el ser humano aprendía a codificar y transmitir la cultura, por primitiva que esta fuera. Así había nacido el mundo.

El latín, hijo del indoeuropeo

El latín, junto con el osco y el umbro, pertenece a la rama itálica del indoeuropeo, una lengua prehistórica hipotética hablada hace unos cuatro mil años. Unos dos mil años antes de Cristo, oleadas migratorias procedentes de una zona cercana al Mar Caspio o al Mar Negro llevaron su lengua hacia el este y hacia el oeste, alcanzando por un lado la Bretaña y la Hispania y, por el otro, la India, por lo que se los llamó indoeuropeos.


En este largo periplo que duró varios siglos, los migrantes legaron su lengua, que fue cambiando a través de los siglos hasta que en cierto momento los habitantes de diferentes regiones ya no se entendían entre sí y ni siquiera tenían noción del parentesco entre sus idiomas.

Los lingüistas dividieron las lenguas indoeuropeas —cuyas herederas corresponden hoy aproximadamente al habla de la mitad de la humanidad— según el tratamiento de las guturales, considerado como línea divisoria de los hechos dialectales del tiempo prehistórico. La distinción se estableció de acuerdo con la pronunciación del número cien (centum), que es kentum en el primer grupo y satem en el segundo.

Muchas palabras del indoeuropeo llegaron directamente al latín y otras fueron tomadas de diferentes lenguas parientes. Así udero- (abdomen, vientre) dio lugar en latín a uterus (útero), pero también al griego hysterá (vientre). Análogamente, la raíz indoeuropea pod- (pie) dio lugar en latín a pes, pedis; en germánico a fot, que se transmitió al inglés antiguo hasta llegar al moderno foot; en francés a pied, en italiano a piede, en portugués a pé, y pie en español, etc.

A pesar de la proximidad lingüística que se creía que existía entre el griego y el latín, se sabe hoy que las semejanzas halladas no son diferentes de las que existen entre otras lenguas indoeuropeas y que la gran cantidad de vocablos comunes corresponden más bien a las estrechas relaciones mantenidas por ambos pueblos y el consiguiente trasiego de mercaderes, negociantes y esclavos. Así, los romanos tomaron de los griegos vocablos como balineum, machina, talentum, poena, ancora, purpura, gubernare, etc. Esta última palabra, en griego kybernetikós, fue retomada modernamente para dar lugar también a cibernética.

Fuente: el castellano.org





viernes, 8 de abril de 2011

ANA FRANK

Historia:

Ana Frank nació en Alemania el 12 de junio de 1929. Pertenecía a una familia judía formada por su padre, su madre y una hermana mayor.
Cuando tenía 4 años se mudaron a Holanda a causa de la persecución de los judíos por parte de los nazis. El padre de Ana trabajó allí como gerente de una empresa.
Cuando Ana cumplió 13 años, le regalaron un cuaderno que convirtió en su diario personal.
Las persecuciones recrudecieron y la familia tuvo que esconderse. Lo hicieron en una parte del edificio donde trabajaba el padre de Ana.
Al poco tiempo llegó otra familia, un matrimonio con un hijo adolescente y, más tarde, un dentista amigo de la familia.
Estas ocho personas convivieron en un lugar pequeño durante dos años, hasta que su escondite fue descubierto por los nazis y fueron trasladados a campos de concentración. A excepción del padre de Ana, todos murieron. Ana y su hermana murieron en los primeros meses de 1945, víctimas del tifus, una enfermedad que se había propagado por los campos de concentración, matando a miles de personas. Pocos días después, el campo donde estaba Ana fue liberado.

El diario:

Ana comenzó a escribir su diario antes de tener que esconderse. En los primeros registros cuenta sus días como escolar, describe a sus amigos, a sus compañeros de escuela y presenta a su familia.
A partir del 9 de julio de 1942, Ana registra la vida en “la casa de atrás”.
A lo largo de esos dos años, Ana cuenta su vida cotidiana, describe a los habitantes de la casa, sus relaciones interpersonales. También podemos ver los cambios que se van produciendo en la muchacha, que pasa de niña a adolescente, tiene conflictos con su familia y hasta se enamora. Además de la vida adentro de la casa, Ana relata lo que sucede afuera, lo que ve desde las ventanas, las informaciones que les llegan a través de una pequeña radio y lo que les cuentan las personas que actuaron como sus protectores mientras estuvieron escondidos.
Cuando fueron capturados por los nazis, el diario de Ana quedó en la casa. Los protectores que recuperaron la libertad lo guardaron y se lo entregaron al único sobreviviente, el padre de Ana.
El señor Frank decidió publicarlo y dedicó el resto de su vida a la divulgación de ese valioso testimonio. Otto Frank murió en 1980, a los 91 años.

El diario íntimo, un género literario

Dentro de los géneros discursivos secundarios se encuentra el diario personal o diario íntimo. Es una forma de autobiografía.
El estilo de escritura es informal.
Las tramas más frecuentes son: la narrativa, la descriptiva y la argumentativa.
Estructura: fecha y texto.
Narrador: en primera persona, reconocible por el uso de verbos en primera persona. El diario es el tipo de textos donde más claramente se presenta la figura de narrador protagonista, ya que, a través de las páginas de su diario, no solo conocemos lo que hace sino también lo que siente y piensa. A veces agrega otras voces narrativas (cartas, poemas de distintos autores, etc.) pero aún así es el narrador quien hace el recorte de la especie narrativa incluida. El narratario o destinatario del relato es el propio narrador.

Algunas fechas:

1939-1945: período en el que transcurrió la Segunda Guerra Mundial.
1929-1945: fechas de nacimiento y muerte de Ana Frank.
Julio de 1942 a agosto de 1944: tiempo en el que el grupo estuvo escondido.
1947: fecha de la primera publicación del diario. Esa primera versión se llamó La casa de atrás.

Para saber más

HOLOCAUSTO

La palabra holocausto viene del griego holo:todo, cautos:quemar. Se usa holocausto para referirse a desastres humanos. El Holocausto se refiere a la destrucción de los judíos en Europa por la Alemania nazi. El partido nazi llegó al poder en 1933 e inmediatamente tomó medidas contra los judíos. De 1933 a 1939 los nazis trataron de eliminar a los judíos y su objetivo fue que emigraran. Al comenzar la segunda guerra mundial en 1939 las medidas en contra de los judíos se activaron en los países ocupados por los alemanes y en los países que se aliaron con los nazis. Se exterminaron alrededor de 6 millones de judíos, pero también murieron gitanos, rusos y católicos, entre otros.


Para completar el contexto histórico, mirá esta presentación:

https://drive.google.com/open?id=0B8BaNBplL0cVeGlQRGk3bW1sNVE&authuser=0