VIVIR Y
MORIR EN LA CALLE
Era el año 2003,
estaba saliendo del tribunal donde mi último caso había sido resuelto, llegué a
la jefatura donde mi jefe me esperaba con un nuevo trabajo.
-Stone, lo
quiero en mi oficina en cinco minutos- Dijo con tono serio.
-¿Para que
me necesitaba, jefe?-
-Encontraron
un cadáver debajo de un andén, te quiero en la escena del crimen de inmediato.
Me dirigí a
la estación donde la policía me estaba esperando.
-¿Qué
encontró?- Le pregunté al sargento.
-Nada,
además del cadáver, un poco de sangre, todavía no sabemos la causa de la muerte.
-¿No le
molesta si investigo un poco?
-Claro que
no detective.
Una botella
de whisky vacía yacía rota al lado de un cuerpo inmóvil, sucio, rodeado, mejor
dicho bañado en sangre. El cuerpo estaba bastante golpeado, pero no había ni puñaladas
o agujeros de bala, me detuve a ver el cuerpo más de cerca y en el cuello
encontré marcas de soga, obviamente lo habían ahorcado.
Me encontré
con el sargento y le dije:
-La causa de
la muerte fue ahorcamiento, ahora solo falta encontrar a algún testigo y al
culpable.
-Buen
trabajo detective, voy a ir con el jefe para informarle sobre nuestro progreso.
-De acuerdo,
me voy a quedar acá a buscar testigos.
Busqué y
pregunté a la gente si habían visto algo, no tuve resultados con mi
investigación. Hasta que, de milagro, un vagabundo apareció.
Me acerqué a
él para interrogarlo:
-Disculpe
¿vio algo de lo que pasó aquí?-Un fuerte olor a alcohol emanaba de él, creo que
no tenía caso hablar con un borracho.
-Lo vi todo
pero mi mente está bloqueada. Quizás con un trago que usted me invite pueda
acordarme de todo.
Con mi nuevo
amigo nos dirigimos al bar más cercano, un lugar sórdido y de poca monta, nos
dirigimos a la barra y un hombre de aspecto turbio nos preguntó:
-¿Qué van a
tomar señores?
-Coñac
¿tiene?
-No.
-Vino
¿quizás?
-Tampoco,
solo tenemos agua y cerveza.
-Bueno, un
vaso de agua para mí y cerveza para mi amigo aquí.
Mientras
esperábamos los vasos aproveché para hacerle algunas preguntas:
-¿Qué llego
a ver?-
-Solo vi que de un auto lujoso tiraron el
cuerpo. Un hombre bajó y lo tiró debajo del andén envuelto en una manta.
-Y antes de
eso ¿vio algo, alguna persona que haya hablado con él?
-Ahora que
lo menciona sí, vi algo, era una chica joven y linda que estaba caminando por
la calle, cuando por detrás un hombre la agarró y la golpeó, intentando abusar
de ella, pero entonces salí corriendo para ayudarla y logré golpear al sujeto,
pero pudo escapar. No pude reconocerlo porque estaba encapuchado, entonces me
acerqué a la chica para ver cómo estaba y solo tenía unos moretones, esto
sucedió una semana antes de que apareciera el cadáver. También recuerdo que dos
días después vi a un linyera que le robó a un hombre gordo, parecía un
guardaespaldas o un guardia, que estaba distraído hablando con otra persona. Al
darse cuenta el guardia intentó correrlo, pero debido a su estado físico no
logró alcanzarlo. Eso es todo lo que me
acuerdo hasta el momento.
-Bueno
muchas gracias por su cooperación, si logra recordar algo más me puede
encontrar en la comisaria primera.
Me dirigí a
la jefatura a investigar un poco sobre la muchacha de la que me había hablado y
en los expedientes encontré la denuncia, supuestamente lo atraparon por su
crimen, pero lo dejaron libre al siguiente día por falta de pruebas. La joven
vive en la calle Cramer y Teodoro García, exactamente a la salida de la
estación.
Me dirigí a
su departamento para interrogarla. A las seis de la tarde saliendo de la
estación la vi, bella, hermosa chica. Me acerqué a hablarle.
-Disculpe
señorita-
-¿Qué necesita?-
Preguntó asustada.
-No tema- Le
dije entrando en confianza –Soy detective de la policía, estoy investigando el
asesinato de un vagabundo y revisando, vi una denuncia suya sobre una violación.
-Sí, yo
radiqué esa denuncia, no fue una violación, pero sí un intento.
-Podría
contarme, claro, con su consentimiento.
-El hombre
estaba ebrio, demasiado como para no darse cuenta de que estaba en situación de
calle. No me dio tiempo a nada, me atacó por la espalda, por suerte le pegué
donde más le duele y salí corriendo en busca de ayuda.
-Bueno,
muchas gracias, y ya que estoy aquí ¿no sabe si alguien más interactuó con el
vagabundo?
-Ahora que
lo menciona sí, vi a un compañero mío, guardia de seguridad, que le daba unas
monedas y el maldito trató de robarle la billetera.
-Bueno nuevamente
gracias por su ayuda, si no le molesta la llamaré para citarla a la comisaria.
-No pensara
que soy yo- Me respondió enojada.
-Claro que no,
pero también pienso que pudo haber sido cualquiera, incluso usted.
Fui a la
comisaria a informarle al jefe sobre el progreso.
-Acabo de
interrogar a uno de los sospechosos, una joven secretaria-
-¿Y en qué
progresamos, Stone?
-Un
compañero de trabajo de la joven, un guardia de seguridad, el sujeto estaba
distraído y él trato de robarlo.
-¿Sabes dónde
trabaja?
-Sí, en las
torres corporativas de ICBC.
-Muy bien,
quiero que con una patrulla traigas a ese hombre.
-De acuerdo
jefe.
Era una de
las primeras veces en las que el jefe me felicitaba por el progreso de un caso.
Me dirigí al puerto a las torres corporativas
del banco ICBC. Apenas llegué, un guardia me atendió.
-Buen día
¿en qué lo puedo ayudar?
-Estoy
buscando a Matías Hernández, es guardia de seguridad aquí.
-Soy yo ¿qué
necesita?
-Soy
detective de la Policía Federal. Estoy trabajando en un caso de homicidio y lo
tengo a usted como sospechoso.
-Homicidio, ¿yo?,
no puede ser, yo no tengo nada que ver…- Se notaba que ese hombre estaba
ocultando algo.
-Alto, que
yo no vine a arrestar a nadie aquí, de momento, una compañera suya nos dijo que
usted le había dado unas monedas a un vagabundo y él intentó robarle.
-Sí, es
cierto.
-¿Y por qué
no lo denunció?
-No era
nada, una escoria de la sociedad, una rata sarnosa de las alcantarillas.
-Palabras
duras por no ser nada. Bueno, aquí estoy hecho por el momento, agradezco su
ayuda. Déjeme su dirección, así desde la comisaria le enviaremos un citatorio
para declarar.
Luego de que
me pasó su dirección me dirigí hacia la morgue del juzgado para examinar el
cadáver.
Entré a la morgue
y le pedí a los empleados que me mostraran el cadáver.
Sacaron el
cadáver, la verdad que se veía mejor en muerte que en vida, pero eso no era lo
importante. Examiné el cadáver bien de cerca y me di cuenta de que la soga
había sido tomada por los extremos y tirado fuertemente hasta el ahogamiento
del sujeto.
Volví a la
jefatura donde el jefe me estaba esperando.
-¿Algún
avance en el caso, Stone?
-¿Buen día?-
-Sí, claro
buen día, ¿algún avance en el caso?
-El guardia
del banco parecía nervioso, cuando le hablé sobre el homicidio parecía que
tenía algo que ocultar, y al igual que la secretaria pensaron que los iba a
arrestar como si ellos hubiesen sido los asesinos, además las marcas de soga
que tenía el vago en el cuello no lo rodeaba del todo, como si alguien hubiese
estado teniendo la soga cuando lo mató.
Volví a la
estación a reflexionar sobre los sospechosos y ver si el forense había
descubierto algo nuevo acerca del cuerpo o la escena del crimen. Al llegar el
forense me dijo algo que le dio un gran giro al caso:
-Este cuerpo
ya lleva dos días muerto, no se le nota en el cuerpo ya que lo pusieron en
hielo para evitar la descomposición, se le puede notar por estas quemaduras, ya
que la piel al estar tocando el hielo por un tiempo considerable produce estas
quemaduras, algo irónico al tratarse del hielo.
-No hay nada
nuevo excepto una manta cercana, tal parece que el vagabundo dormía debajo de
los andenes, pero hay algo que no concuerda la manta que encontramos. Estaba
mojada y no ha llovido desde hace como dos semanas.
Al saber
esto me dirigí con el jefe para informarle de los nuevos acontecimientos en el
caso:
-Jefe- Le
dije con ansias. –Encontramos la manta en la cual el linyera dormía, me dijeron
que estaba húmeda pero hace tiempo que no llueve.
-Quiero que
la inspeccione para saber si esa humedad no es sangre.
Me dirigí al
laboratorio para ver si podían hacer algo con la manta:
-Disculpen
que los moleste, otra vez, en este día pero necesito todas las pruebas que
tengan de la manta.
-Si, como no
detective. La humedad de la sabana era sangre, también tenemos el ADN del
sujeto asesinado, lo buscamos en nuestra base de datos, el sujeto se llama José
Ramírez, tenía 46 años y pasó 14 años en
la calle, su familia lo había abandonado, tuvo 15 cargos por robo y otros 3 por
disturbios en la vía pública.
-Digamos que
tenía una vida ocupada.
-¿Descubrieron
algo más?
-Sí,
descubrimos otro ADN además del linyera pero
no está en nuestra base de datos.
-Quiero que
manden ese ADN al departamento de identidad, quizás ellos tengan una base de
datos de la gente que viene aquí por barco.
Luego de
esto le informé al jefe sobre los nuevos acontecimientos:
-Buen
avance, hay otro sospechoso, se supone que es un traficante al cual el vago le
debía plata, quiero que lo investigues. Lo podrás encontrar en San Isidro, para
ser más exactos lo encontraras en el club Kansas.
-De acuerdo
jefe, voy de inmediato-
Tras un
largo viaje me encontré delante de un bar elegante y sofisticado, donde solo
iba la gente de buena posición. Al fondo de todo estaba él, rodeado de hermosas
mujeres. Me acerqué y le dije:
-No le
quiero interrumpir su fiestita, pero necesito hacerle unas preguntas.
-De acuerdo,
pero que sea rápido, a las chicas no les gusta esperar.
-Soy el
detective Stone, estoy investigando un homicidio.
-¿Y qué
tengo yo que ver en eso?
-Uno de sus clientes fue hallado muerto cerca
de su domicilio.
-No entiendo
de lo que me habla.
-No andemos
con vueltas, ese hombre le debía plata a usted.
-Sigo sin
entender.
-No se haga
el tonto señor, todo el mundo aquí sabe que usted es un traficante y que ese
linyera le debía plata.
-Y sugiere
que un empresario famoso como yo habría asesinado a un linyera ¿Con qué
motivos?
-No le estoy
diciendo que le debía plata el sujeto a usted, mire eeh… ¿cómo dijo que era su
nombre?
-Morrison,
James Morrison.
-Mire
Morrison yo no estoy aquí por su asuntito con las drogas, yo soy detective de
homicidios y nada más.
-De acuerdo,
¿qué quiere saber?
-Sé que ese
hombre le compraba drogas mensualmente, y que su “última cuota” no había sido
pagada.
-Es verdad,
pero yo nunca lo mataría, es lo que denominaríamos un adicto. Él siempre
volverá por más. Esa es la razón por la que yo nunca lo mataría, él conseguiría
el dinero de una u otra forma.
-Sabe que
eso no lo absuelve ¿verdad?
-Es cierto,
eso lo tiene que hacer usted. Ahora, por favor si se puede retirar
civilizadamente, tengo asuntos pendientes con esas damas.
Salí del
laboratorio y en mi oficina me esperaba una señora, su nombre era Beatriz
Salomón y me dijo algo que cambió el rumbo de la investigación:
-Yo vi
cuando se llevaron al hombre que apareció muerto.- Me dijo aterrada.
-¿Qué? ¿Cómo
fue?- le respondí sorprendido.
-Yo estaba
en mi terraza colgando ropa, cuando escuché gritos y me asomé a ver qué pasaba
y entonces observé que un hombre robusto estaba golpeando a un linyera, y luego
lo metió dentro de un auto.
-¿Llegó a
ver su rostro?
-No, porque
el hombre estaba de espaldas.
La mujer
dejó sus datos y se fue apurada. Un momento después se oyó un disparo.
Presurosos junto con el jefe salimos a
ver qué había pasado. Rodeado de sangre yacía el cuerpo de Beatriz con
un agujero de bala en la cabeza. Enseguida comencé a mirar para ver si
localizaba de dónde se había ejecutado el disparo, y entonces noté que en una
de las ventanas del edificio de enfrente se observaba la punta de un arma. Entonces crucé la calle
y me propuse a revisar el apartamento.
-¿Usted sabe
si entró alguien a este edificio con algo sospechoso?
-Hace un
rato entró un hombre con un maletín bastante grande. Entró en el 4º “A”.
-¿Quién vive
allí?
-Nadie, yo
lo limpio de vez en cuando, tengo la llave.
-¿Me daría
la llave?
-¿Y quién es
usted para pedir eso?
-Detective
Stone, Policía Federal.
-De acuerdo,
aquí tiene.
Cuando llegué,
el lugar estaba vacío, en la ventana estaba el arma homicida, un rifle de francotirador bastante complejo.
-Que la otra
división investigue esto y me informe quién fue el francotirador, quizás nos
diga quien lo contrató.
-De acuerdo
detective.
Me dirigí a
la sala de interrogatorios luego de haber citado a los tres sospechosos.
-¿Quién de
los tres crees que fue, Stone?- Me preguntó el jefe.
-Tengo
algunas ideas. La secretaria no pudo haber sido.
-¿Por qué?
-Dejando el
machismo de lado la secretaria no posee tanta fuerza como para haber dejado
esas marcas en el cuello del linyera, tampoco tenía suficiente plata como para
pagarle a un francotirador. Eso solo nos deja con Morrison y con el guardia de
seguridad.
-Y de ellos
dos ¿Quién crees que fue?-
-Fue
Morrison- Afirmé con seguridad.
-¿Cómo
sabes?-
-Es el único
con una causa razonable, él vendía drogas, el linyera le debía dinero y todo
termino así, en un crimen.
En ese
momento, el jefe me dijo que entrara en la sala de interrogatorio y lo arrestara:
-Morrison, quedas
arrestado, tienes derecho a guardar silencio y tienes derecho a un abogado. Si
no tienes dinero, estado te asignara uno
de oficio.
-El dinero
es lo de menos.
En el
tribunal el caso estaba por empezar.
-Orden,
orden en la sala- Gritó la jueza.
-James
Morrison, se le acusa de asesinato doble y de tráfico de drogas ¿cómo se
declara ante eso?
-Inocente.
-Nosotros
tenemos pruebas que lo inculpan.
-¿Cuáles?-
-El
departamento de identidad nos confirmó que el segundo ADN que aparecía en la
manta eran sus huellas dactilares y un testigo nos informó de que usted hacia
tratos con ese linyera ¿Qué tiene que decir ante eso?
-Sigo
diciendo que soy inocente y esa es mi última palabra-
Luego 3 días
de espera fuimos citados nuevamente al tribunal ya que el jurado tenía
preparado su veredicto:
-Como lo
declara el jurado-
-El jurado
lo encuentra culpable su señoría-
-¿Y qué si
lo maté yo? A nadie le importaría si
total era una persona de la calle.
-James
Morrison queda sentenciado a cadena perpetua.
-¿Y qué?,
con el dinero que tengo saldré mañana.
-No crea eso
en este mismo tribunal se encuentra la INTERPOL listo para llevárselo a prisión
por narcotráfico.
Y así fue
como resolví otro caso más pero dos vidas fueron borradas de la faz de la
tierra solo por unos míseros billetes, hasta donde llegara la ineptitud de
algunas personas.