domingo, 22 de mayo de 2016

Historia del género policial




Contexto histórico

Policías de Scotland Yard

A fines del siglo XVIII, con la invención de la máquina de vapor, comenzó la Revolución Industrial, primero en Inglaterra y luego en el resto de Europa. Las ciudades crecieron con la llegada de la gente que emigraba del campo para trabajar en las fábricas. El crecimiento de las ciudades también hizo crecer el delito, producto, entre otros factores, del hacinamiento, las malas condiciones de vida, el anonimato. Para hacer frente al aumento de la delincuencia, la policía se organizó institucionalmente. Así nació Scotland Yard, en 1829.


Nacimiento del policial clásico (también llamado de enigma o de cuarto cerrado)

La literatura pinta la sociedad de cada época y sus problemáticas. En la Inglaterra del siglo XIX habían crecido las ciudades y también el delito. El relato policial cuenta la investigación de esos delitos.
A mediados del siglo XIX apareció el que se considera el primer cuento policial, “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Alan Poe, publicado en el año 1841, parte de una trilogía de cuentos que se completa con “La carta robada” y “El misterio de Marie Roget”.
En Los crímenes… dos mujeres aparecen horrorosamente muertas en un cuarto cuya puerta y ventana están herméticamente cerradas desde adentro. ¿Qué sucedió? ¿Entraron fantasmas, ovnis, monstruos, y las asesinaron? Eso no es posible, porque es condición del policial que la explicación sea absolutamente lógica y racional. Si el culpable fuera alguno de los entes mencionados, estaríamos ante un relato de ciencia ficción o maravilloso. Será tarea de Monsieur Dupin, el detective creado por Poe, averiguar quién y cómo lo hizo.


Algo más:
ü  En principio fue considerada literatura barata o subliteratura porque no trataba temas poéticos ni morales. La sangre, los cadáveres no eran temas bellos estéticamente, el lenguaje utilizado tampoco está muy embellecido. Sin embargo, desde el principio, estos relatos tuvieron muchísimo éxito entre los lectores.
ü  Si bien Poe es considerado precursor del género, existen historias anteriores que podrían ser consideradas como el policial. Por ejemplo, Edipo Rey, escrita hace más de 2000 años. Allí, el protagonista investiga quién mató al rey que lo precedió en el trono.

Organización del policial clásico

La estructura de un relato policial clásico es la siguiente: se comete un delito (el enigma a develar), aparece un investigador que, a partir de la observación y la deducción resuelve el enigma, y finalmente se cuenta la historia del delito. Según el teórico Todorov, se cuentan dos historias, la del delito y la de  la investigación. Podemos agregar que se cuentan en forma inversa, primero la de la investigación y luego la del delito porque ahí reside el juego que propone el género policial. Si nos dijeran primero cómo, por qué, quién cometió el delito, perdería la gracia de la interacción que se produce entre el relato y el lector, cuando este último intenta descubrir al autor del delito antes de que el narrador se lo devele.

El investigador

El elemento distintivo del género es el investigador. En el policial de enigma, suele ser un hombre atildado, prolijo, sin urgencias económicas, amateur (o sea, no es policía ni trabaja para ellos), a veces excéntrico, pero sobre todo muy inteligente, observador y deductivo. Estas características lo llevan a ir siempre un paso delante de la policía en la investigación, con lo cual, el género también se constituye en una crítica a la institución policíaca ya que un solo hombre puede más que la institución.
El detective del relato clásico no es un hombre de acción sino de pensamiento. Muchas veces, ni siquiera va a la escena del crimen, sino que con los datos obtenidos, llega a la verdad.


Otros autores clásicos

Monsieur Poirot
Además del ya citado Edgar Allan Poe, mencionaremos a Sir Arthur Conan Doyle, cuyo detective es probablemente el más famoso: Sherlock Holmes. También Agatha Christie, creadora de Monsieur Poirot, un atildado detective belga que resolvió más de 80 casos a lo largo de su literaria existencia.









Decadencia del género y surgimiento de la novela negra

 A principios del siglo XX, el género se agotó. Pero a fines de la década del ’20, sobrevino una gran crisis en los Estados Unidos. La crisis económica originó una serie de fenómenos delictivos, como los gángsters, la venta de alcohol dentro de la prohibición que instaló la Ley Seca, la corrupción, la violencia.
Como la literatura refleja los acontecimientos de cada época, el policial reapareció mostrando todo el clima de corrupción y delitos de la Gran Depresión.
Los primeros relatos de este tipo de policial aparecieron en una revista: Black Mask. Era una publicación hecha en papel barato, pulp, de ahí uno de los nombres con los que es conocido el policial negro.


El investigador

El detective generalmente es un policía, un expolicía o un investigador privado. No investiga por placer, sino por dinero. Es un profesional. Tampoco es tan prolijito ni atildado como aquellos del policial de enigma. A menudo es un hombre con un pasado turbio, tiene o ha tenido problemas con el alcohol, está conectado con el hampa, utiliza soplones para obtener datos para resolver el misterio. Trabaja más con la intuición que con la deducción, recorre las calles, entra en acción, no se queda sentado frente a un cálido hogar de leños deduciendo cómo se cometió un delito. En el transcurso del relato pueden aparecer otros delitos, alguna muerte, traiciones, en fin, un reflejo de la corrupción reinante.

Autores famosos

Algunos autores destacados de esa época son Raymond Chandler (con su detective Philip Marlowe) y Dashiell Hammett (Sam Spade, su investigador).









Evolución del género

A partir de la década de 1960, los relatos policiales ya no son tan estrictamente “negros” ni “de enigma”, sino que combinan elementos de ambos. Aparecen otros delitos, como el espionaje, el secuestro; armas más sofisticadas, interpretaciones sicológicas, entre otras características ya no tan fáciles de estructurar.








Autores argentinos


 Nuestro país tiene una prolífica obra de este apasionante género. Nombraremos, solo a modo de ejemplo, algunos autores: Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia, Osvaldo Soriano, Guillermo Martínez y, por supuesto, Honorio Bustos Domecq, nombre ficticio que adoptaron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares para escribir la colección de relatos detectivescos Seis problemas para don Isidro Parodi (publicada en 1942).






Estatua de Sherlock Holmes en Londres

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